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Inscripciones ibéricas
Domingo Fletcher Valls
1953Nº
Escritura y lengua ibérica
La escritura ibérica constituye uno de los principales testimonios del desarrollo cultural con personalidad propia de los iberos. Se conocen tres tipos de escrituras paleohispánicas: la escritura del suroeste, la meridional y la ibérica levantina. Además se escribió lengua ibérica con alfabeto jónico, prácticamente sólo en territorio contestano, como lo testimonian algunos plomos encontrados en la Serreta de Alcoi, grafitos sobre cerámica procedentes de la Isleta de Campello y el plomo de El Cigarralejo.
La escritura ibérico-levantina es la mejor conocida, y fue descifrada en los años 20 por Manuel Gómez Moreno (ver tabla de Pío Beltrán Villagrasa). Sin embargo, hasta la fecha, no ha sido posible su traducción, por lo que no es posible entender lo que dicen los textos. Es una escritura de tipo mixto, silábica y alfabética, que posiblemente procede de una escritura más antigua de origen fenicio o chipriota.
El descubrimiento de grafitos en cerámica procedentes de yacimientos tartésicos como el Cabezo de San Pedro, en Huelva, con una cronología entre mediados del siglo IX y mediados del siglo VIII AC, sugieren que la adopción de la escritura meridional y del SO se produjo de forma temprana, lo que explicaría la introducción de formas arcaicas del alfabeto fenicio, utilizadas con anterioridad al siglo VIII AC. Este alfabeto sería adaptado a la lengua tartésica, con la introducción de signos silábicos, dando origen al primitivo signatario paleohispánico y que será el origen de la escritura del SO utilizada en las estelas tartésicas.
La escritura meridional se utilizó en la Alta Andalucía y en el sureste, incluida la Contestania, persistiendo hasta época romana temprana. Esta escritura fue posteriormente adaptada a la lengua ibérica posiblemente en el territorio de la Contestania dando origen a la ibero-levantina (que se escribe de izquierda a derecha, al contrario que la meridional), conviviendo con la escritura meridional y la ibero-jónica, y desde allí se extendió al resto del territorio ibérico.
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